QUE SE LOS COMA EL MARRANO
28/Ene/2012

Peor es posible
Columna de Darío Rodríguez
Peor es posible
Columna de Darío Rodríguez
Este rincón de Cartel Urbano estaba dedicado al estrepitoso retorno de las lluvias y de las desgracias. Pero se cruzó el problema de Jota Mario Valencia y sus abominables palabrotas en televisión, a las que él califica como "humor". Ya pidió que lo disculparan (ha seguido el ejemplo de profesionales en lágrimas de cocodrilo: los Nule y el honorable padre de la patria Señor Corzo). Lo grave es que seguirá insultando con su presencia las mañanas de este país teleadicto. Algunos claman a gritos que se vaya de la televisión y, con él, su insano y larguísimo programa. Pero son más los que admiran esa chabacanería, ese mal gusto. Y por tanto se quedará. No hay vida después de Jota Mario Valencia. Otros regresan, brindan esperanzas mediante estafas y siguen tan tranquilos.
Esta columna estaba dedicada a las pésimas opciones del televidente colombiano, enajenado por la necedad y la ordinariez. Pero se cruzó el cacareado retorno de Santiago Moure y Martín de Francisco, el otrora "Ejército de la Verdad". Simularon durante un par de meses esa extraña y creíble parodia de ellos mismos que los hizo tan célebres: críticas beligerantes a los medios que les dan de comer, sátiras escatológicas a nuestras costumbres e idiosincrasia. Todo era una trampa. La rebeldía y la burla formaban parte de una calculada estrategia publicitaria para vender automóviles costosos. Antes de saberse el auténtico motivo de la farsa la ilusión fue inocultable, y por algunos momentos llegó a sentirse una reivindicación de cierta dignidad crítica en este país sin conciencia. No pasó de ilusión.
Este espacio estaba dedicado al eterno Juan Lanas y a su amigo Moure, cada vez más parecidos a sus víctimas. Están adquiriendo aires de Jota Mario Valencia. Envejecen mal, quizás. A propósito de vejeces imprudentes se cruzó el oprobio de ver al otro Jota Mario, al nadaísta, en su vano intento de justificar la ilegible y egocéntrica edición biográfica que le encomendaron para el homenaje a Nicolás Suescún. Aprovechó el galardón concedido a un escritor de probadas virtudes y mostró el cobre que durante cuatro décadas ha exhibido: autobombo, intelectualismo de caricatura. Escrito sin disciplina, con dineros del Distrito –tal es su costumbre-. Casi un crimen. El ocaso del rebelde produce vergüenza ajena.
Este texto estaba dedicado a examinar (hasta donde lo permitiera la fetidez) la poca credibilidad que tiene ya el Nadaísmo y su discurso de tres centavos falsos. Pero se cruzó el Reality Show del Hay Festival en Cartagena, feria de las vanidades y del elitismo con los cuales quieren ensombrecer a la literatura. Escritores más importantes que sus obras, impudicia, altos costos. Quienes quieran consumir cultura deben pagar precios elevados. Los demás, los que no tienen cómo adquirir los licores y los sabores de la Alta Cultura, tendrán que conformarse con leer en el periódico a poetas nadaístas de segunda mano. O con ver en televisión a Jota Mario Valencia y a sus sucesores, Moure y de Francisco.
Entonces sólo puede pensarse que construir el espíritu de esta nación es ahora un lujo carísimo. Que ser nadaísta sigue siendo chévere. Que ser disidente y polémico es un gran negocio. Que se puede irrespetar a un conglomerado durante muchos años a través de la pantalla sin recibir castigo. Por todo esto somos una república de lluvias y desgracias felices. Se les desea a esos dudosos representantes de nuestro acervo cultural algo de su propia cosecha: que se los coma el marrano.