EL MUNDO NO PUEDE ACABARSE POR MOTIVOS MORALES

Por Alejandro Córdoba Springstübe
¿Han visto a algún animal que haya muerto por ateísmo? Por ejemplo, supongamos que un escarabajo estercolero cayó de un precipicio y se rompió todo el cuerpo después de impulsar con ímpetu su gorda esfera de mierda. ¿Pensaremos que fue porque no creía en Dios? ¿O porque los animales no razonan y no pueden creer en Dios? ¿Fue por ateísmo involuntario? El mundo no se puede acabar porque hoy los adolescentes se masturben más o porque tribus indígenas sigan creyendo en un fetiche fálico.
Así como el deísmo es una ropa para lucir bien, también es una forma de opresión. La peor de todas quizá por lo que se fragua para el 21 de diciembre de 2012. Señoras y señores, no hay fin del mundo, repítanselo en la cabeza mil veces, no hay. ¿La razón? El conteo de los años es invento humano, los cataclismos no cumplen horarios, no avisan, son caóticos, tienen su propia lógica. Los tsunamis o terremotos no conocen filiaciones religiosas ni filosofías. No podrán decir nunca que después de un café caliente de la mañana tendrán que asistir a la caída de un asteroide del tamaño de un bola de golf en la vagina de su suegra, a menos que quiera usted mismo impulsar el proyectil a la hora en que ella se lava sus partes pudendas tras la micción.
Los deístas quieren meter miedo. Quieren embrutecer para dominar. Basta citar un ejemplo, ¿cuántas empresas estadounidenses necesitaban esclavos para mejorar su economía? Muchas, desde el problema financiero reciente. Ahora, ¿cuántas adquirieron empleados que se regalaban por “chichiguas” después de que muchos perdieron su casa y de que un imbécil llamado Harold Camping predijo el fin del mundo para que muchos gastaran los ahorros de toda su vida? Eso no lo sé, pero es fácil adivinarlo por la ley de la oferta y la demanda: para solucionar una alta demanda de trabajo y poca oferta es preciso estimular la oferta. ¿Cómo? Al estilo del capitalismo antiguo: ofrezca muchos trabajos mal pagados, para que la demanda no sea sobre el salario. Ahí está su fin del mundo envuelto en el trozo de mierda que empujaba el escarabajo.
No se les haga extraño que el 21 de diciembre también se cuadren las cuentas para algunos economistas. Mientras se arruinan personas por creer estupideces, podría jurar que el 24 no habrá regalos de Papá Noel y a la vez los balances de mejoramientos de la economía serán puestos por las nubes. “Será el triunfo del capitalismo”, dirán algunos. También se adhirieron los cristianos. Como no les funcionó la farsa de Nostradamus en el paso de 1999 al 2000, ni San Malaquías ha atinado con Papas negros (que no sabemos si negro se refiere a jesuita, satánico o al color de piel), los sacerdotes se unen a la conspiración finmundista (así como los multimillonarios necesitan dinero, algunos curas necesitan limosnas, fieles y monaguillos para fornicar).
Varios argumentos y documentales tendenciosos apoyan esta tesis del fin del mundo: inversión de los polos (que podría suceder cualquier día, incluso pudo suceder ayer); llamaradas solares (que ya han sido frecuentes y se dan en un ciclo de cada 11 años); Michael Drosnin (que cada año se enriquece con un nuevo código secreto de la Biblia); cometas y asteroides (nos pasó cerca, el 8 de noviembre, un asteroide de 55 millones de toneladas, siempre estuvimos y estaremos amenazados por distintos objetos); que los mayas lo dicen (Anthony Aveni, profesor de estudios nativos americanos de la Universidad de Colgate en Hamilton, dijo que los libros que se basaban en el tema de predicciones mayas están fabricados sobre bases con poca evidencia); que sucederá una alineación (si todo lo que se alineara con el centro de una galaxia fuera destruido, la galaxia no podría existir); que habrá un cambio de consciencia (¿por qué esperar a mañana para cambiar de conciencia?
Hoy se me salió un pedo en una reunión y hoy mismo puedo caer en cuenta que tengo un problema de flatulencia, eso es un cambio de conciencia); que las predicciones de la Virgen de Fátima lo dicen (el tercer secreto de Fátima es el santo grial de los católicos, ¿cuántos curas pedófilos no habrán llevado a sus monaguillos a contarles ese secreto en un cuarto oscuro? La revelación más verídica de ese secreto es que parece que a algunos miembros del Opus Dei les salen manchas de vitíligo en el ano, es un distintivo que los ennoblece. Pero sólo les sale a los hombres).
Yo gano un sueldo cercano al mínimo. Pero me arriesgaré. Venderé todo lo que tenga si es preciso. Apuesto mil millones de dólares a que el 21 de diciembre de 2012 no se acaba el mundo, si se acaba el 20 o el 23, ya no vale. Sólo veremos multitudes de personas asustadas y después una guerra de indignados contra los poderosos. Pero si llegan los ángeles y los arcángeles, el dragón de siete cabezas, la lesbiana de 27 coños mordelones y el fantasma del pipí caído con el fin del mundo, les juro que les pago, me tengo que morir primero, pero les pago. Les dejo un cheque místico entre las cartas del tarot de Jannín.