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Hipocresía divina

Cartel Urbano

 
Por Turin Turambar de Carnaval toda la vida - Caricatura de Marc Murphy de Courier-Journal
 
Alguna vez fui católico.
 
Y lo dejé de ser. Ojo, no dejé de creer en Dios y muchos de los preceptos que la iglesia católica profesa, pero no puedo pertenecer a un grupo en se promueve intolerancia y que es inconsecuente consigo misma, porque el monopolio de la fe no pertenece a una religión, si no que ella hace parte de nosotros mismos internamente.
 
Puede ser que esto sea considerado como un afán de crear religiones a la medida y tal vez sea cierto, porque a lo mejor nuestra relación con Dios debe ser intima y personal, mas que grupal y externa.
 
Yo puedo afirmar que mi fe salvó mi vida sin ningún temor, pero no puedo congeniar con una iglesia que se mueve a pasos lentísimos y siempre quiere permanecer en mundo quieto que desde hace siglos la ha dejado atrás. No puedo congeniar con un iglesia que protege o no hace lo suficiente para expurgar sus pecados, esos que no son simplezas, si no situaciones tan terribles como una violación de menores de edad.
 
Pero en realidad lo que no me puedo pasar es esa hipocresía divina de la que hacen gala, cuando dicen que Dios es amor y respeto, pero no son capaces de profesarlo a personas que por sus tendencias sexuales son contrarios a lo que ellos profesan como normal (lo cual nos llevaría a una discusión sobre la normalidad que trataremos en otro momento).
 
Porque de verdad no hay ningún merito en respetar a nuestros iguales, si no en hacerlo con aquellos que no son como nosotros e incluso a quienes contradicen lo que nosotros creemos.
 
Y es que una cosa es reconocerle los derechos fundamentales a los homosexuales y otra muy distinta creer que con eso se hace una apología a esa tendencia sexual, porque a parte de la discusión sobre si un homosexual se hace o se nace, lo único cierto es que la Iglesia no tiene la autoridad moral para discutir al respecto, porque no tiene lógica expiar los supuestos pecados cuestionables y ajenos,  cuando no castigan las evidentes faltas propias.
 
Pero mas allá de todo eso caen en tremenda contradicción al expresar que la finalidad suprema del matrimonio, base de nuestra sociedad, es la reproducción.
 
Porque es que hasta donde yo le había entendido a un tal Jesús, la finalidad era el amor.
 
*Canción recomendada para hoy: Losing my religion – REM
 

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