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Wall-E tenía razón

Cartel Urbano

Por Jimmy Arias de Tercer ojo
 
Hasta hace algún tiempo me sentía afortunado por ser parte de la generación a la que le tocó disfrutar de la revolución digital; desde el disco de vinilo, hasta el ipod, y en las comunicaciones, desde el teléfono de disco al Skype. Y aún más afortunados los que hacemos parte de la diáspora porque ¿Cómo hubiéramos hecho hace unos 20 años para comunicarnos con nuestras familias, y si uno quiere, verlos todos los días hasta en tiempo real?
 
Sin embargo, toda revolución conlleva víctimas y uno que otro desastre. Así que esta no ha sido la excepción. Ahora es cuando cuaja en mi cabeza el concepto de futuro de la humanidad planteado por Wall-E, la hermosa película de Pixar, en la que el protagonista es un viejo 'robotsito' oxidado y abandonado en un planeta Tierra, del que tuvieron que huir los últimos seres humanos, transformados en monstruos comelones que jamás se mueven, y solo viven para estar conectados a sus terminales de computador.
 
La tecnología será importante para la ciencia, para  acortar distancias y quizá sea útil para el avance de la raza humana, pero ¿hacia a dónde, al progreso o a la estupidez más absoluta?
 
El 'Hatebook'   
 
¿Habrá algo más vergonzoso que el álbum de fotos familiar? Ese en el que se ven todas las caras brillantes, el bronceado de taxista en la piscina, la pantaloneta rompe olas de lycra del tío barrigón o las borracheras vergonzosas de la tía o del papá. O ¿qué tal la gente que pone cara de interesante, inteligente, ruda, sexy, idiota, etc. Bueno, el Facebook es como tener acceso al ridículo ajeno, desde el ridículo propio. De hecho, yo creo que si Dante hubiera nacido en nuestros tiempos, seguro le habría dado uno de los círculos del infierno al Facebook, a mirar por toda la eternidad las fotos de los demás. Actividad aberrante esa del ¡mírenme qué popular soy! Por culpa del Facebook todo el mundo se cree fotógrafo y todo el mundo se cree modelo.
 
Nada mas patético que las fotos de perfil de Facebook. Epicentro de chismorreo y hasta de delitos por los tontos y tontas que hacen oídos a su supuesta popularidad porque dejan que su vida gire en torno a este carnaval de basura. Hay quienes dicen que el Facebook sirve para que el perfil profesional de uno se proyecte, pero en ese caso no veo cómo a un empresario serio le pueda interesar ver las fotos del cumpleaños de Cata, las instantáneas de Pipe borracho en la piscina o la graduación de transición del bebé de Kary.
 
Además, vean esta página, como para que se vayan bajando de la nube de que Facebook es la panacea, sino más bien la temida Caja de Pandora que encierra todos los males y vicios de la humanidad, con interesantes apartes como 'Grupo pedófilo en Facebook' y 'Cómo arruinar tu carrera profesional con Facebook'. 
 
Y si les gustó la foto de Rodni Jotmeil en satín rosado en Facebook, aquí hay más. 
 
Los celulares
 
Hace unos tres años le preguntaron a Keith Richards por qué no tenía celular a lo que respondió: ¿Para qué... no me gusta ser rastreado? Nada más sabio y prudente. Si bien es cierto que el celular lo puede a uno sacar de aprietos en caso de cualquier accidente o de una simple pinchada en medio de la carretera, yo creo que son más los contras que los pros de este diminuto y detestable aparato.
 
¿Por qué? Pues porque, como dijo Richards, usted siempre sera localizable y, partiendo de esta premisa, ¡ay de usted si no es localizable! "¿Por que no contestaste? ¡Te marque 32 veces, te mande 50 mensajes!, me mandó a buzón..." Jefes, esposas, novias, hijos, suegras, padres, amigos borrachos, pervertidos, idiotas despistados, ladrones, todo el mundo tendrá acceso a su vida privada. Su tiempo ya no es su tiempo. Usted, ahora, sin ese despreciable adminículo, no puede vivir.
 
Ni yo mismo, muy a mí pesar. Podrá estar sentado en el 'trono', podrá estar en la ducha, podrá estar dormido, podrá estar en pleno desenfreno sexual, pero adivine que... tendrá a mano el maldito celular. Siempre he soñado que pongo el mío debajo de una de las llantas de mi carro y que lo hago trizas en un arrancón. O simplemente lo estrello contra una pared... hmmmm... 
 
Los celulares, además, son apetecibles para todos los rateros, causan cáncer, es una elefante blanco para el dinero, nada más efectivo para desperdiciar plata y siempre, siempre será un martirio llamar a las compañías de telefonía celular, y ni hablar de lo estúpido se ve uno hablando solo, manoteándole al aire o los imbéciles que se sienten importantes con el Bluetooth atornillado a la oreja hasta para dormir. Si hasta se causan accidentes de tránsito por culpa de los celulares. Y como si fuera poco, ahora se puede hasta consultar el Facebopok desde los celulares. Mejor dicho, un celular es como un gato, no un amo con mascota sino una mascota con amo, no un usuario con celular sino un celular con esclavo.
  
Los ipods, mp3, mp4, hps5 y todas sus posibles manifestaciones
 
Hay una escena, creo que es de un capítulo de los Simpsons o de Futurama, en el que el futuro de la humanidad se pinta como esclavizada por los Ipods, que acaban degenerándose en robots bestiales que fustigan con sus audífonos a los pobres mortales que contruyen pirámides de más y más ipods. Mañana cuando vaya en la buseta o en el Transmuylleno o por la calle, cuente la gente que lleva audífonos en las orejas. ¿Impresionante no? Luego pruebe a hablar con uno de ellos, que seguro le pondrá cara de tarado antes de liberarse una de las orejas. Esta ha sido también la generación de los audífonos, de todas las formas, tamaños y colores. Si por un lado, es aceptable que uno quiera huir de la realidad, no hay que quedarse sordo para lograrlo. Y si no me creen, péguenle una ojeada a este artículo.
 
Y ni hablar de la mística del coleccionista de música, que se perdió con toda la avalancha de la música digital, con la consiguiente quiebra del mercado del disco. Nada más rico que tener su propia discoteca. Degustar los covers (libros de los cds), el arte de la portada y, en los viejos tiempos, hasta los surcos del vinilo y el scratch de la aguja. Placentero, delicioso, frente al frío gozo auditivo de un ipod. Mejor dicho, como hacerlo sin condón o con condón.
 
Los juegos de video
 
Nada más enfermizo para un niño que un videojuego. No obstante y por desgracia, es el remedio eficaz a mano para cualquier padre de familia: idiotizar como zombie a su hijo frente a una pantalla de TV para que lo deje en paz. Tal vez eso explique su auge. Y de ahí en adelante, millones de nuevos zombies que solo tienen ojos y tiempo y reflejos para el juego de video de turno. El cielo es el límite y las empresas lo saben, y lo digo con conocimiento de causa, viviendo en el Hollywood de los videogames. Aquí, en Montréal, pululan como cucarachas en un restaurante y hasta dicen que son tan avanzados que algún día igualarán y superarán al cine. Nunca fui bueno con esos aparatejos, ni siquiera con el telebolito. No importa lo versátiles que dicen que son algunos, siempre me han parecido terriblemente aburridos y descerebrantes.
 
Y ni hablar de los precios, como el Nitengo Gui o cualquiera de los Play Stations que pululan en el mercado. Pobres padres de familia, víctimas de su propio invento. Y nosotros de paso,porque qué otra cosa, si no un psicópata en potencia, terminará siendo un niño-zombie que juega todo el tiempo a matar aliens, robots, tirotear pandilleros, animales, ancianas, robar carros en fin... Pero los peores son los adultos fanáticos de estos aparatos, que son los que ahora más alimentan este mercado, que generalmente tienen el mismo perfil de ansiedad, obesidad y sedentarismo crónico. Lo dicho, Wall-E no estaba equivocado. 
 

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