
El contragolpe - Stand up comedy
Los invitamos a reír junto a Frank Ramírez y Rafa López el miércoles 22 de abril en Casa 9-69 a las 9:00 p.m
Host: Luis Gardeazábal
Comediantes: Frank Ramírez & Rafa López
Frank Ramírez:
Es un flaquito de gafas él, comunicador social e ingeniero gracias a un amigo diseñador que hace diplomas. Nació en la ciudad más innovadora del mundo, Medellín, o sea que viene del futuro.
Es tan pesimista que cree que debe haber alguien más pesimista que él. Se define como un “falso positivo” pues se engaña a si mismo haciéndose creer que es positivo pero lo único positivo que tiene es la sangre (O+). Es tacaño, él calza según los tenis que estén en promoción. Le gustan los tatuajes y como no tiene nalga piensa tatuarse una nalga en la nalga. Es agüerista, por eso nunca estornuda cuatro veces porque no sabe que se pide (salud, dinero, amor…?)
Su papá es militar y su mamá enfermera, él no salió militar pero sí enfermito. El papá es de Cúcuta y la mamá de Bucaramanga, con ese geniecito de los dos no es huérfano de milagro. Tiene un hermano que es profesor de inglés y lo humilla. Su misión es ser un comediante reconocido y su visión sí es muy malita porque tiene miopía y astigmatismo.
Es comediante por convicción, con una trayectoria de 2 años en el mundo del humor de tipo Stand-up Comedy. Con experiencia en la creación de rutinas de comedia o libretos humorísticos exclusivos, de tipo cultural o empresarial. Capaz de desarrollar soluciones creativas e innovadoras para transmitir un mensaje serio y responsable, a través del humor.
Rafa López:
Este comediante, filósofo de la Universidad Nacional, tiene un rasgo diferenciador frente a sus colegas, y es que se mueve por los terrenos de la risa cruel, el tabú, lo censurable. Rafa López nos presenta un estilo de comedia único, en el que nos hace preguntarnos por qué nos reímos, al tiempo que expone su mirada sobre los bizcos, los enanos, el amor, las relaciones y las mujeres. El sentido del humor de este comediante despierta al niño cruel que todos llevamos dentro y nos hace reír con un poco de culpa o de vergüenza, que a la larga se vuelve liberador, al poner en duda los tabúes y los límites de lo políticamente correcto.








