Chica Coreana

El año pasado conocí a Soojeong Yi en Seúl. Algo extraño sucedió entre nosotros: después de no vernos durante cuatro meses decidimos vivir juntos.

Hace una semana llegó del futuro. Tomó un avión en el aeropuerto de Incheon yluego de largas escalas en Vancouver y Toronto regresó catorce horas en el tiempo y aterrizó en Bogotá. Ahora todas sus cremas ocupan la mitad de mi baño, sus diminutos tacones forman una torre en mi closet y ya me he robado varias cápsulas de un tarro de vitaminas hechas con algas marinas que dejó sobre el mesón de la cocina. 

En los pocos días que lleva en Colombia esto es lo que le ha sorprendido: 

 

• Cuando regresemos a Corea, ese es el trato, quiere contratar a varias personas para  que sean teléfonos públicos. Le parece increíble la idea de vender minutos de celular.

 

• No entiende por qué una entidad tan seria como un banco decidió usar la casa de los pitufos, además en color rojo, como símbolo empresarial.

 

• Llegó a creer que la ciudad estaba inundada de motos que hacen repartos de domicilios, muchos más que en Seúl, donde viven once millones de personas. Le expliqué que todos los conductores deben estar identificados con chalecos y llevar sobre ellos el número de la placa de la moto en caracteres reflectivos. “¿Incluso los harlistas?”.

 

• Me señaló el techo de la iglesia de San Diego, en el centro de Bogotá, y me dijo que se parecía al de las construcciones asiáticas tradicionales. Es la primera vez que lo veo así. Tiene toda la razón

 

• Le parece todo un acto de circo, de la más digna admiración, cuando un conductor de bus tiene que manejar, recibir el dinero y dar las vueltas, todo al mismo tiempo.

 

Por fuera las granadillas son iguales a los buñuelos y por dentro la pulpa es como los huevos de rana. Es su fruta favorita hasta ahora.

 

Ha tratado de encontrar con muy mala suerte un mapa de bolsillo de Bogotá en las varias sucursales de la Panamericana.

 

• ¿Cuál es el propósito de mostrar aburridos cortos de más de quince minutos al inicio de todas las películas?

 

• No podía creer que el cinema del centro comercial Andino tuviera una barra de sushi. Ningún teatro en Corea tiene algo parecido. No encontré la palabra para “pretencioso” en inglés, el idioma en el que estamos obligados a hablar. 

 

• El ají de tienda no le pareció tan picante.

 

• Los taxis son muy pequeños y el taxímetro no muestra el valor de la carrera. No entiende por qué hay que hacer una complicada conversión con una tabla.

 

• Alguna vez estuvo en Wraclow, Polonia, y aprendió a decir “maldito” en polaco. Suena igual que una de nuestras frutas típicas: curuba. 

 

• El café es realmente barato. Casi diez veces más económico que el que se consigue en Seúl.

 

• Los porteros de los edificios son muy jóvenes. Usualmente en Corea esta clase de trabajo es para hombres jubilados.

 

Algunos buses tienen chimeneas.

 

• El sabor de los tomates rojos la hace llorar de felicidad.

 

• En Corea no se pueden pedir medicinas a domicilio.  

 
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me pareció genial el

me pareció genial el artículo, definitivamente tenemos diferencias profundas con la cultura de un país tan remoto para nosotros como Korea..y lo mejor es que se puede ver de una manera muyyy jocosa, excelente!






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