Cómo sería…en silencio la rumba

Si, silencio en una frívola noche en la que gran parte del rebaño de fiesta cree que es especial, el sitio habitual, la gente habitual callara su agitado afán de buscar algo que pareciera faltarles (diversión, atención, satisfacción, ya mencione atención ¿verdad?).

Cómo sería…  en silencio la rumba 
Por: Esteban Díaz 
 
¿Pero como imaginamos dicho evento? 
 
¿Sería así:   los dueños del recinto le pedirían al Dj (inserte aquí el nombre más raro o ridículo que quiera) que improvise con instrumentos musicales  para animar a la plebe ansiosa de ritmo, clientes que mientras consumen la bebida del dios vaco escuchan los murmullos suaves de sus cercanos (¿ahora qué hacemos?, no se no sé,  ¿la seguimos en la casa?, no se pero la vieja de al lado esta ¡muy buena! Y ese de allá no sabe bailar?)
 
¿Sería así:   las mujeres pensando en sus pies gracias al dolor provocado por tan apreciado — por las demás — calzado usado hasta su hora de luna, los lindos… lindos hombres que se escaparían apresurados a su baño de turno para arrullar a tan bello cabello (actual piedra angular de la masculinidad)?
 
¿Y si de silencio hablamos será que interpretaría entonces el papel de un mimo aquel morboso habitual que en la noche de nuestra noche, seduce — fastidia — mujeres en su estado natural?
 
¿Sería así:    en orden y con sigilo saldrían de tan ‘apretado’ sitio uno detrás de el otro (situación no muy agradable entre hombres, o bueno para uno que otro) Sitio en el cual a veces se paga solo por entrar y estar allí, allí… en donde no se puede ni respirar por que ya es el aire del otro (cosa no muy agradable)?
 
La verdad no sé si así seria, pero si ocurriera me gustaría estar allí, poderme fijar como caen mentes frente a la mía, las cuales aun no notan lo ‘sin gracia’ que es este acto de diversión para unos y aprobación para otros, salir simplemente por salir, gastar por gastar, vivir por vivir cada fin de semana igual para que al día siguiente se levanten (solos, mal/bien acompañados o en casa ajena) igual de vacios al día anterior, con un guayabo que los hace sentirse bien socialmente y les produce orgullo. 
 
Pagar por bailar, pedir permiso entre personas que sudan felicidad de momento y estar entre una cultura de ocio tan asociada al alcohol. 
 
Estamos en una época en la que edad ni etapa de vida distinguen excesos, pero a veces una cortina de humo no nos deja ver el lado sencillo y amable de las cosas, yo en particular prefiero buena compañía en un sitio calmo, agradable y ameno. 
 
Solo invito al que quiera recordar este escrito que en una noche, en un instante en que se encuentren en similares características, se opriman ‘mute’ y solo observen que los rodea, y se pregunten si realmente eso es lo que quieren y ya que si la vida es ahora — ese ahora — realmente vale la pena estarlo disfrutando así y no siguiendo la rutina que otro mas ya vivió.
 
No es que no me guste salir, lo que no me gustan son las circunstancias.
 

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