CALLE ESOS OJOS

Por Camilo Martínez

 

En diciembre del 2011 se anunció en Bogotá la creación de espacios exclusivos para la práctica del street art, zonas delimitadas para que, quien quiera hacerlo, con brocha o pintura de aerosol, a pulso o con esténcil, se tome una pared para darle la función del papel o del lienzo. Insulsa idea, porque el street art es una forma de resistencia, y la ironía sale a relucir cuando le dan permiso al arte para realizarse. Calle esos ojos, editado por Toxicómano, Guache, Lesivo y DJ Lu, es un testimonio visual con decenas de muestras del trabajo de estos maestros del grafiti y el esténcil.

El primer artista que hace aparición en el libro es DJ Lu, que con un estilo minimalista crea un Frankenstein hecho de sexualidad, guerra, religión y consumismo. Por su parte, Guache encarna la vertiente multicultural del street art; su estilo es fácilmente identificable, con trazos libres y asimétricos sobre el ladrillo. Son comunes los rostros que comparten ojos y se confunden y fusionan. A su vez, el trabajo de Lesivo recurre a la alquimia de lo tétrico y lo tierno, donde los niños cargan cráneos o indumentaria militar. Por último, Toxicómano, sin alejarse de la sátira mediante la comparación, se arriesga, protesta, señala a personajes de la vida pública y hace hincapié en que “las paredes gritan”.

Todos estos artistas comparten una función: representar. Y todos participan de una adicción: el street art. Como señala Andrés Montoya, artista de Toxicómano: “La ciudad es una droga”. Y Calle esos ojos es una invitación a que, sin pedir permiso ni sentir vergüenza, nos volvamos adictos al arte en las calles.